Radio Iden Tica
sábado, 27 de marzo de 2021
viernes, 26 de marzo de 2021
Narciso Sotomayor, destacado guitarrista tico radicado en USA
jueves, 25 de marzo de 2021
miércoles, 24 de marzo de 2021
PITUSAAAAA
En Costa Rica hay personas que se vuelven personajes e iconos del aprecio popular, en deportes tenemos al Chunche Montero, en los micrófonos a don Rodrigo Sanchez QdDg, pero en la farándula, una persona que se puede decir es un ícono es el señor PITUSA.
Costa Rica, Domingo 20 de julio de 2008
La nación sección proa
SEMBLANZA
¡El famoso ‘Pitusa’!
Con casi 70 años, una de las figuras más populares de la televisión nacional de antaño sigue siendo el de entonces: un verdadero showman que está a punto de volver al escenario en funciones privadas. Padre, abuelo y hasta bisabuelo, sigue inmerso en la música.
YURI LORENA JIMÉNEZ | yjimenez@nacion.com
No es extraño que, a su paso por las calles de la capital, sobren los saludos, en su mayoría de extraños, quienes le cruzan un “¡Eso Pitusa !”, al topárselo en la acera o desde los carros que pasan cerca. Le hablan con la familiaridad de viejos conocidos y él contesta espontáneamente, con su abundante sonrisa de siempre.
Y es que Ronaldo Jaime de la Trinidad Gutiérrez Mayorga (sí, fue el primer Ronaldo ‘famoso’ aquí, solo que jamás usó su nombre de pila) fue una de las figuras más populares de la tevé de los años 70, cuando se dio a conocer como “el jodedor” que le hacía toda clase de trastadas al muy querido animador Carlos Alberto Patiño. Pitusa , como le apodaron desde que era un chiquillo, luce igualito que entonces, salvo unas cuantas canas y arrugas más. Amén, claro, de su carácter jovial y de su pasión innata: la música.
De hecho, desde hace cuatro años Pitusa se desempeña como asesor de ventas en la empresa Juan Banbasch, en la sucursal ubicada en las cercanías del Parque España.
Sentarse a desgranar recuerdos con este recordado personaje es sinónimo de una tertulia maratónica. No solo porque tiene a flor de memoria las anécdotas de sus años mozos junto a grandes maestros, como Paco Navarrete o Vernon Pibe Hine, sino porque las cuenta de una forma tan sabrosa que transporta a cualquiera a ese pasado cada vez más lejano.
Con casi siete décadas a cuestas y una salud envidiable (“¡aunque en cualquier momento jala uno, no hay que atenerse, bromea!”), ha enterrado a decenas de amigos del alma y compañeros de trabajo que, en su momento, fueron como su familia. Entre ellos los dos maestros citados anteriormente, así como a los famosos animadores Carlos Alberto Patiño, Luis Fernando Crespi y Rodrigo Sánchez. Sin embargo, a estas alturas Pitusa no vive, para nada, en el pasado. Narra las anécdotas compartidas con unos y otros entre risas, como quien asume que la muerte es parte de la vida.
La televisión lo dio a conocer en 1972, cuando fue contratado en el recordado Club Millonario Phillips para “hacerle la vida de cuadritos” a Carlos Alberto Patiño.
“¡Cómo gozábamos! Sin guion, sin mucha cosa. Patiño y yo teníamos una gran química, todo era espontáneo, yo sabía cómo fregarlo, él sabía hacerse el bravo y todo el mundo se moría de risa. Todavía me parece oírlo con aquel famoso grito, cada vez que yo lo interrumpía con una de mis salidas… ‘¡ Pituuuussssaaaaa !’”, cuenta con gran emoción, como si se trasladara en el tiempo a aquellos momentos.
Mientras degustaba su almuerzo en un tradicional restaurante chino de San José (pide porciones pequeñas y refresco liviano: se confiesa cuidadoso con las comidas), vienen a su memoria una y mil anécdotas de aquellas épocas.
De sus famosos “socios” del entretenimiento cuenta, por ejemplo, que Patiño era reconocido por su buen corazón, pero que había que verlo cuando se enojaba. “Tenía un carácter fuertísimo, igual que Rodrigo Sánchez”.
Un dato no conocido es que a Luis Fernando Crespi lo trató siendo ambos preadolescentes, pues se conocieron en la escuela Porfirio Brenes, cuando esta se ubicaba en San José. Pitusa recuerda que Crespi estaba enamorado de una chiquilla y le escribía poemas, pero como no tenía bonita letra, le dictaba las cartas de amor a él para que este se las escribiera.
¡A buen santo se atuvo! Más de una trastada le hizo el desde entonces inquieto chiquillo al aplomado Luis Fernando.
Una de sus últimas participaciones en la televisión fue junto a Leonardo Perucci, ya en tiempos más recientes, cuando este animaba el espacio dominical Fantástico . A Pitusa le correspondía una misión que le cayó como anillo al dedo: animar al público. “Me encantaba, de verdad fue una de las cosas que más disfruté en la televisión. Hice unos carteles a mano, con letras grandes, que decían: ‘Aplausos’ ‘Risas’, ‘Silencio’, ‘Buuuuuhhhhh’ y otras, para que la gente hiciera el sonido ambiente de acuerdo con el momento, y funcionó muy bien”, rememora.
A pesar de que su popularidad a nivel nacional se disparó hasta 1972, gracias a la magia de la entonces incipiente televisión nacional, Pitusa ya era un viejo conocido en la bohemia nacional de los años 60. Si se quiere, era todo un personaje en San José desde su adolescencia, cuando la capital aún conservaba los rasgos de ciudad pequeña y todo el mundo se conocía. Y es que desde su época de escuela y colegio, este hombre de baja estatura, quien nació prematuramente y a quien los médicos le auguraron solo “unos minutos de vida” al llegar al mundo, ya era todo un showman : el típico animador de las veladas escolares, el ‘cuentachistes’ de la clase, el muchachillo cerca del que todos querían estar para morirse de risa con sus ocurrencias.
Él hasta recuerda quién le puso el apodo que llevaría de por vida. Remarcando las palabras mientras gesticula ceremoniosamente, narra: “Así me puso el que después se convirtió en uno de los mejores dermatólogos de este país, el doctor Orlando Jaramillo. ¿Por qué? Porque de Pitusa dícese: es un niño chiquito y gracioso”.
Pero más allá de su histrionismo, y quizá antes que esa faceta tan marcada de su personalidad, estaban su veta y su vena musical. De colegial, fue director de la banda del Liceo de Costa Rica Nocturno y pronto se granjeó fama de baterista, cantante, bailarín y animador, todo en uno. Con tales atestados lo contrataron a los 20 años en el Maracas Night Club (operaba donde hoy está La Gallito, en Ave. Segunda). Ahí, además de todo, le correspondía presentar con gran pompa a las vedettes de moda: “¡Con ustedes!...¡Lilliam de Costa Rica! ¡Katty DiNova! ¡Salomé!” gritaba Pitusa a todo furor.
De ahí pasó a tocar con Paco Navarrete y otros músicos de la época, hasta que una gira de trabajo a Nueva Orléans, que se suponía de ida y vuelta, se convirtió en una vivencia de seis años.
“Fue en los 60. Fui showman en los mejores pubs de Nueva Orléans, y luego me contrató uno de los mejores tríos de jazz del mundo en aquella época, integrado por Red Norvo, Mounk Montgomery y Bert Alice. Con ellos trabajé un año y viajé por todo América y Europa”, narra Gutiérrez, quien, de regreso al país, se involucró en su primera aventura televisiva. Cuando esta terminó, Pitusa volvió a lo suyo: la música... hasta la fecha.
Y es que la historia de este experto en percusión (tumbas, timbales, bongoes) tiene un fuerte ligamen genético con la pasión de su vida: es hijo de Roberto Gutiérrez Vargas, compositor de La Guaria Morada , y sobrino de José Antonio Gutiérrez, el legendario folclorista conocido como Olegario Mena. Su primera esposa, Ana Cecilia Hine, es hermana del desaparecido maestro Pibe Hine y su segunda y actual esposa, Ana Isabel Rivera, es sobrina nada menos que de Juan Rivera, el gran guitarrista del trío Los Juanes, ya fallecido.
Pitusa ha hecho lo propio con su prole. Padre de seis hijos de su primer matrimonio y de dos en el segundo, heredó su talento a su hijo Carlos (a quien, por supuesto, también apodan Pitusa ). Hoy es el propietario y líder del popular grupo La Solución.
Pero el gen de los Gutiérrez en la música de este país está lejos de extinguirse: uno de sus nietos, hijo de Carlos (quien se llama Carlos, lo apodan Pitusilla y tiene 7 años) es la reencarnación viva de su abuelo en cuanto a su oído musical y, desde ya, es un percusionista extraordinario, según narra con gran orgullo el padrote de la familia.
En el cierre de la tertulia, se impone una duda: ¿cuál es su secreto para mantenerse tan activo y jovial?“Mi tranquilidad proviene de lo que hace muchos años, en algún momento, fue mi intranquilidad. Aprendí a no ser esclavo del dinero. En una época me ganaba lo que entonces era un platal, $560 por semana. Pude haber hecho fortuna, pero siempre he sido poco ahorrativo. Hoy lo veo así: ese dinero no lo capitalicé, pero sí lo apoveché, aunque hubo despilfarro. Aun así saqué adelante a mis hijos, tengo salud, tengo trabajo, vivo al día, vivo tranquilo y feliz. Quién sabe si sería lo mismo si tuviera un montón de dinero. No sé, será que aprendí hace muchos años que el verdadero disfrute de la vida va mucho más allá que la posesión de un montón de plata…”.
No es extraño que, a su paso por las calles de la capital, sobren los saludos, en su mayoría de extraños, quienes le cruzan un “¡Eso Pitusa !”, al topárselo en la acera o desde los carros que pasan cerca. Le hablan con la familiaridad de viejos conocidos y él contesta espontáneamente, con su abundante sonrisa de siempre.
Y es que Ronaldo Jaime de la Trinidad Gutiérrez Mayorga (sí, fue el primer Ronaldo ‘famoso’ aquí, solo que jamás usó su nombre de pila) fue una de las figuras más populares de la tevé de los años 70, cuando se dio a conocer como “el jodedor” que le hacía toda clase de trastadas al muy querido animador Carlos Alberto Patiño. Pitusa , como le apodaron desde que era un chiquillo, luce igualito que entonces, salvo unas cuantas canas y arrugas más. Amén, claro, de su carácter jovial y de su pasión innata: la música.
De hecho, desde hace cuatro años Pitusa se desempeña como asesor de ventas en la empresa Juan Banbasch, en la sucursal ubicada en las cercanías del Parque España.
Sentarse a desgranar recuerdos con este recordado personaje es sinónimo de una tertulia maratónica. No solo porque tiene a flor de memoria las anécdotas de sus años mozos junto a grandes maestros, como Paco Navarrete o Vernon Pibe Hine, sino porque las cuenta de una forma tan sabrosa que transporta a cualquiera a ese pasado cada vez más lejano.
Con casi siete décadas a cuestas y una salud envidiable (“¡aunque en cualquier momento jala uno, no hay que atenerse, bromea!”), ha enterrado a decenas de amigos del alma y compañeros de trabajo que, en su momento, fueron como su familia. Entre ellos los dos maestros citados anteriormente, así como a los famosos animadores Carlos Alberto Patiño, Luis Fernando Crespi y Rodrigo Sánchez. Sin embargo, a estas alturas Pitusa no vive, para nada, en el pasado. Narra las anécdotas compartidas con unos y otros entre risas, como quien asume que la muerte es parte de la vida.
La televisión lo dio a conocer en 1972, cuando fue contratado en el recordado Club Millonario Phillips para “hacerle la vida de cuadritos” a Carlos Alberto Patiño.
“¡Cómo gozábamos! Sin guion, sin mucha cosa. Patiño y yo teníamos una gran química, todo era espontáneo, yo sabía cómo fregarlo, él sabía hacerse el bravo y todo el mundo se moría de risa. Todavía me parece oírlo con aquel famoso grito, cada vez que yo lo interrumpía con una de mis salidas… ‘¡ Pituuuussssaaaaa !’”, cuenta con gran emoción, como si se trasladara en el tiempo a aquellos momentos.
Mientras degustaba su almuerzo en un tradicional restaurante chino de San José (pide porciones pequeñas y refresco liviano: se confiesa cuidadoso con las comidas), vienen a su memoria una y mil anécdotas de aquellas épocas.
De sus famosos “socios” del entretenimiento cuenta, por ejemplo, que Patiño era reconocido por su buen corazón, pero que había que verlo cuando se enojaba. “Tenía un carácter fuertísimo, igual que Rodrigo Sánchez”.
Un dato no conocido es que a Luis Fernando Crespi lo trató siendo ambos preadolescentes, pues se conocieron en la escuela Porfirio Brenes, cuando esta se ubicaba en San José. Pitusa recuerda que Crespi estaba enamorado de una chiquilla y le escribía poemas, pero como no tenía bonita letra, le dictaba las cartas de amor a él para que este se las escribiera.
¡A buen santo se atuvo! Más de una trastada le hizo el desde entonces inquieto chiquillo al aplomado Luis Fernando.
Una de sus últimas participaciones en la televisión fue junto a Leonardo Perucci, ya en tiempos más recientes, cuando este animaba el espacio dominical Fantástico . A Pitusa le correspondía una misión que le cayó como anillo al dedo: animar al público. “Me encantaba, de verdad fue una de las cosas que más disfruté en la televisión. Hice unos carteles a mano, con letras grandes, que decían: ‘Aplausos’ ‘Risas’, ‘Silencio’, ‘Buuuuuhhhhh’ y otras, para que la gente hiciera el sonido ambiente de acuerdo con el momento, y funcionó muy bien”, rememora.
A pesar de que su popularidad a nivel nacional se disparó hasta 1972, gracias a la magia de la entonces incipiente televisión nacional, Pitusa ya era un viejo conocido en la bohemia nacional de los años 60. Si se quiere, era todo un personaje en San José desde su adolescencia, cuando la capital aún conservaba los rasgos de ciudad pequeña y todo el mundo se conocía. Y es que desde su época de escuela y colegio, este hombre de baja estatura, quien nació prematuramente y a quien los médicos le auguraron solo “unos minutos de vida” al llegar al mundo, ya era todo un showman : el típico animador de las veladas escolares, el ‘cuentachistes’ de la clase, el muchachillo cerca del que todos querían estar para morirse de risa con sus ocurrencias.
Él hasta recuerda quién le puso el apodo que llevaría de por vida. Remarcando las palabras mientras gesticula ceremoniosamente, narra: “Así me puso el que después se convirtió en uno de los mejores dermatólogos de este país, el doctor Orlando Jaramillo. ¿Por qué? Porque de Pitusa dícese: es un niño chiquito y gracioso”.
Pero más allá de su histrionismo, y quizá antes que esa faceta tan marcada de su personalidad, estaban su veta y su vena musical. De colegial, fue director de la banda del Liceo de Costa Rica Nocturno y pronto se granjeó fama de baterista, cantante, bailarín y animador, todo en uno. Con tales atestados lo contrataron a los 20 años en el Maracas Night Club (operaba donde hoy está La Gallito, en Ave. Segunda). Ahí, además de todo, le correspondía presentar con gran pompa a las vedettes de moda: “¡Con ustedes!...¡Lilliam de Costa Rica! ¡Katty DiNova! ¡Salomé!” gritaba Pitusa a todo furor.
De ahí pasó a tocar con Paco Navarrete y otros músicos de la época, hasta que una gira de trabajo a Nueva Orléans, que se suponía de ida y vuelta, se convirtió en una vivencia de seis años.
“Fue en los 60. Fui showman en los mejores pubs de Nueva Orléans, y luego me contrató uno de los mejores tríos de jazz del mundo en aquella época, integrado por Red Norvo, Mounk Montgomery y Bert Alice. Con ellos trabajé un año y viajé por todo América y Europa”, narra Gutiérrez, quien, de regreso al país, se involucró en su primera aventura televisiva. Cuando esta terminó, Pitusa volvió a lo suyo: la música... hasta la fecha.
Y es que la historia de este experto en percusión (tumbas, timbales, bongoes) tiene un fuerte ligamen genético con la pasión de su vida: es hijo de Roberto Gutiérrez Vargas, compositor de La Guaria Morada , y sobrino de José Antonio Gutiérrez, el legendario folclorista conocido como Olegario Mena. Su primera esposa, Ana Cecilia Hine, es hermana del desaparecido maestro Pibe Hine y su segunda y actual esposa, Ana Isabel Rivera, es sobrina nada menos que de Juan Rivera, el gran guitarrista del trío Los Juanes, ya fallecido.
Pitusa ha hecho lo propio con su prole. Padre de seis hijos de su primer matrimonio y de dos en el segundo, heredó su talento a su hijo Carlos (a quien, por supuesto, también apodan Pitusa ). Hoy es el propietario y líder del popular grupo La Solución.
Pero el gen de los Gutiérrez en la música de este país está lejos de extinguirse: uno de sus nietos, hijo de Carlos (quien se llama Carlos, lo apodan Pitusilla y tiene 7 años) es la reencarnación viva de su abuelo en cuanto a su oído musical y, desde ya, es un percusionista extraordinario, según narra con gran orgullo el padrote de la familia.
En el cierre de la tertulia, se impone una duda: ¿cuál es su secreto para mantenerse tan activo y jovial?“Mi tranquilidad proviene de lo que hace muchos años, en algún momento, fue mi intranquilidad. Aprendí a no ser esclavo del dinero. En una época me ganaba lo que entonces era un platal, $560 por semana. Pude haber hecho fortuna, pero siempre he sido poco ahorrativo. Hoy lo veo así: ese dinero no lo capitalicé, pero sí lo apoveché, aunque hubo despilfarro. Aun así saqué adelante a mis hijos, tengo salud, tengo trabajo, vivo al día, vivo tranquilo y feliz. Quién sabe si sería lo mismo si tuviera un montón de dinero. No sé, será que aprendí hace muchos años que el verdadero disfrute de la vida va mucho más allá que la posesión de un montón de plata…”.
martes, 23 de marzo de 2021
sábado, 20 de marzo de 2021
El Quijongo Guanacasteco
San José, julio de 2020. El quijongo es un instrumento nacional que, junto con la marimba, lo hace uno de los más característicos de la provincia de Guanacaste, tanto por su origen, como por su influencia en la producción musical en esta región.
Actualmente, el quijongo es considerado como patrimonio musical guanacasteco. Al ser un instrumento accesible, permitía, en las noches silenciosas de luna, ser un acompañamiento musical para propiciar veladas y espacios de ocio entre los habitantes de las haciendas. Además, su melodía es complemento en géneros autóctonos, como la conocida parrandera. De acuerdo con la Guía para la Construcción y Ejecución del Quijongo Guanacasteco (2018), publicada por la Dirección de Cultura del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ), según el relato de portadores de esta tradición y conclusiones de investigadores de la influencia africana en la música de Guanacaste, este instrumento tiene dos posibles orígenes, los cuales son: La atribución por parte de la cultura africana traída por los esclavos que llegaron con los primeros conquistadores al país; por el lado, se encuentra el origen indígena, esto debido a que la forma de este instrumento es muy parecida a los arcos que ellos usaban para la caza.
Un aspecto a resaltar es que a las personas que tocan este instrumento se les conoce como quijongueros, los cuales no solo tienen conocimiento de su utilización, sino que también son los encargados de la construcción de estos. Además, de que conservan un vasto conocimiento del tradicional repertorio musical.
Construcción: El quijongo se conforma a partir de: 1) Una vara de dos metros de largo proveniente de guácimo ternero; 2) una cuerda atada de extremo a extremo; 3) una caja de resonancia; 4) un pañuelo y 5) un jícaro llanero. Para conocer el proceso de creación de cada una de las piezas, puede consultar la “Guía didáctica para la construcción y ejecución del quijongo guanacasteco”, resultado del trabajo y acompañamiento que desde la Dirección de Cultura (DC) del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ), recibieron la antropóloga Adriana Méndez y la música Karol Cabalceta, quienes aportaron su conocimiento y trabajo de investigación en ese proceso. Documento disponible en: https://tinyurl.com/y3tqhftp
En la actualidad, existen únicamente dos portadores de tradición, también llamados tesoros vivos, quienes conocen los detalles de construcción y ejecución del quijongo guanacasteco: Eulalio Guadamuz, de Bagaces; e Isidoro Guadamuz de la O, de Santa Cruz; ambos reconocidos como Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional 2014, por el Ministerio de Cultura y Juventud, al ser de los últimos quijongueros que se han dedicado a la transmisión del conocimiento sobre la construcción e interpretación, así como a la promoción de este instrumento musical en Guanacaste. A ellos se suma una nueva generación de quijongueros que han sido resultado del arduo trabajo de rescate y conservación de esta manifestación cultural, desde el MCJ, en alianza con el Ministerio de Educación Pública, mediante talleres a profesores de música en la provincia.
“La Dirección de Cultura, en su Oficina de Gestión Cultural en Guanacaste, se ha propuesto la salvaguardia del quijongo guanacasteco como un legado de interés nacional y regional con miras a que se visualice en el programa educativo de las futuras generaciones, siendo la actual guía el primer paso”, expresó Vera Vargas, de la Oficina de Gestión Cultural de la DC en Guanacaste, quien además agregó que “la salvaguardia es un gran trabajo, pero aún queda mucho por hacer, como la creación de una organización que proteja esta herencia y sus portadores, e impulsar la declaratoria del quijongo guanacasteco, su construcción e interpretación como patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica”. Precisamente, el MCJ ha realizado múltiples esfuerzos en la transmisión de este legado, mediante programas como “Becas Taller” y “Portadores de Tradición”, ambos pertenecientes a esfuerzos de la Dirección de Cultura.
viernes, 19 de marzo de 2021
Biografía del Maestro Arnoldo Herrera
Biografía del Pianista Vernon Pibe Hine
jueves, 18 de marzo de 2021
Yigüirro, el ave nacional de Costa Rica.
miércoles, 17 de marzo de 2021
Biografía de Paco Navarrete.
martes, 16 de marzo de 2021
FABRICA DE CARRETAS ELOY ALFARO - NARANJO, COSTA RICA
Walter Ferguson el papá del Calipso limonense
ROCK EN COSTA RICA, PRIMERA PARTE. WIKIPEDIA
Costa Rica –un país en aquel entonces lleno de identidad nacional, gracias a todos los aportes de la Anexión del Partido de Nicoya (25 de julio de 1824) y demás características típicas desde entonces de la cultura costarricense, como la marimba– se encuentra en un lugar clave para ser enteramente influenciado por países de habla inglesa a mediados del siglo XX. Uno de los ejemplos más claros que se puede encontrar es, sin duda, la música.
El nacimiento del Rock ‘n’ Roll en Estados Unidos ocurre a finales de los años cuarenta y a principios de los años cincuenta. Aparece como una combinación afro-americana y se expande rápidamente por todo Europa, hasta llegar a países centroamericanos.
Entre bandas efímeras y longevas se fue conformando la escena del rock tico, por aquel tiempo con evidentes influencias de Sui Generis, Los Gatos, Santana Blues Band, Deep Purple, The Rolling Stones, entre otros, Con instrumentos comprados a pagos saltaron a escena las primeras bandas del rock costarricense en la década de los 60s.
A pesar del largo tiempo que dura en situarse en el país, tiene un gran impacto en la mayoría de los costarricenses, provocando que hubiera una explosión de música conectada con este género musical en específico. Muchos artistas nacionales se ven claramente influenciados y comienzan a producir sencillos basados en esta nueva tendencia, creando una mezcla de jazz, blues, boogie–woogie, entre otros característicos del Rock&Roll.
Mucho se ha discutido sobre una sola banda fundacional del rock en Costa Rica, lo cierto es que en los años 60s hubo muchísimos grupos que duraban formados apenas algunos meses y que cambiaban de nombre e integrantes cada semana. La década de los 60s fue un periodo de experimentación del rock nacional donde se concretó muy poco; sin embargo grupos como Los Vikingos y Los Hermanos Vargas llegaron a formalizarse como bandas que no teniendo muchos temas originales se inclinaron por tocar covers en español e inglés, en este caso la mayoría sin tener el mínimo conocimiento del idioma, hacían su mejor esfuerzo por emular la pronunciación original.
Los Vikingos. Los Vikingos de Costa Rica son los principales y –a su vez– los más destacados ejemplos del surgimiento del Rock Nacional. Una banda compuesta de hermanos su estilo predomina también sus características musicales parecidas a Los Beatles y Elvis Presley, quienes están en la cumbre del éxito en este tiempo. Además, se pueden encontrar varias canciones y discos de vinilo y casetes producidos por esta banda, donde se destaca el ritmo Rock ‘n’ Roll típico de la época. Su primera grabación fue de las canciones llamadas “Hanky Panky” y “Yesterday“, una versión de la canción original de Los Beatles. Todavía siguen siendo Los Vikingos de Costa Rica reconocidos como los fundadores del Rock Nacional en los años sesenta.
"Woodstock Tico" 1971
El domingo 4 de abril de 1971 en la finca de Arturo Robles, en Las Nubes de Coronado, se celebró el primer festival de música rock al aire libre en Costa Rica, Las Bandas eran de chiquillos “ricos”, de las “mejores” familias de San José, muy distantes de la esencia verdadera del Rock y sus ideales.
Organizado por Zulay Soto y sin fines de lucro, a las bandas se les pagaba algo insignificante aun para la época, demás esta decir que no lo necesitaban, asistieron aproximadamente 400 personas vestidos con ponchos, pelo largo y sandalias, una foto de dicho concierto también apareció en la tapa del periódico La Nación al día siguiente, algo inédito entonces, el dinero que hicieron con ese festival apenas alcanzó para pagarle a los músicos involucrados y el equipo de amplificación era propiedad de los grupos participantes. Se trató de una labor participativa y comunitaria en la que todos aportaron algo para hacer la actividad posible, hubo ausencia Policíaca, en ese tiempo ya se fumaba (marihuana), entonces para que la gente no se diera cuenta de que fumaban algunos hacían brownies “sorpresa” para disimular el consumo de dicha sustancia.
Se presentaron tres bandas Apple's Band, Blood Intersection y Reflexiones durante 8 horas, empezando a las 11 a. m. y terminando a las 7 p. m., y durante esa jornada no sonó una sola canción original.
Aún no se podía hablar del Rock Tico como algo definido ni como un movimiento con sentido y dirección. Era más bien algo amorfo, sin características propias.
Solo había “tres o cuatro” conjuntos buenos, y prácticamente todos se enfocaban en hacer covers . No obstante, se celebraba el fin de un año que marcó el comienzo de una prolífica historia en el rock tico. A su parecer, entre los factores que ayudaban a formar camino estaba –además del apoyo de la prensa– la realización de “al menos diez conciertos” de rock durante 1971.
El Woodstock Tico se destacó como uno de los pocos conciertos de rock bien organizados ese año, a diferencia de la fila interminable de conciertos poco significantes, hechos con el único y exclusivo propósito de ganar dinero fácil, sin tener el más mínimo soplo de ética o buen gusto, situación que se repite en la actualidad en la abarrotada agenda conciertos de “covers”, los cuales acaparan el espacio en bares y clubes del país, creando polémica entre los mismos y la prolifera escena de música original quienes luchan por un mejor trato por departe de los pudientes dueños de bares, esto sumado a la proliferación de los ya bien conocidos "organizadores," "tramadores" y estafadores que buscan lucrar con el esfuerzo de los músicos, en contraste con esta polémica también existen honestos personajes cuyo único deseo es ver crecer la escena musical.
En lo que queda de la década de los años 1970 el ambiente rockero tico dejó de ser tan difuso, y se formaron bandas más constantes en sus proyectos que empiezan a sonar regularmente en las distintas emisoras del pequeñísimo país. Podemos citar grupos influenciados por el rock and roll sesentero como La Silla Eléctrica con temas originales en inglés como Sex, y el grupo Hebra formado 1979 que organizó el pretenciosamente llamado "mega" concierto “Festival en el Sol” en el que tocaron 42 agrupaciones nacionales de todo tipo de géneros y al que asistieron 15 mil personas.
Para finales de esta década nacen bandas con un estilo más hard rock como Distorsión
Distorsión era una banda instrumental en sus inicios, tocando en parques y universidades, salones comunales y bares,.
En el 84 los integrantes del grupo (Alberto Chaves, Carlos Bustamante y Roney Vargas) incluyen al argentino Mario Maisonnave como vocalista de la banda.
Distorsión acapara programas de televisión y radio en su momento. El grupo firmó posteriormente con la disquera CBS Indica para grabar algunos temas originales como Todo en su lugar que para sorpresa de muchos se colocó en la lista de hits de Antena tres en Española.
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San José, julio de 2020. El quijongo es un instrumento nacional que, junto con la marimba, lo hace uno de los más característicos de la prov...




